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Los que se arrepienten se van al cielo.
Son pocas las películas mexicanas que han sufrido de censura y veto en los cines de nuestro país como lo fueran las cintas; La Sombra del Caudillo (1960), Rojo Amanecer (1989) y entre las más recientes la cinta que proviene de un dicho popular mexicano conocido como La Ley de Herodes.

En 1999 el director Luis Estrada decidió presentarnos una gran sátira en contra de los partidos adueñados de los gobiernos mexicanos y de la interminable corrupción que se vive aún hoy en nuestros días. La cinta ambientada en 1949 nos presenta a Juan Vargas (Damián Alcázar) un humilde, inofensivo y fiel miembro del partido tricolor el cual es elegido para gobernar el lejano pueblo San Pedro de los Saguaros.

Siendo esta la oportunidad de su vida y comprometido con su partido y con los ideales de la revolución mexicana Vargas se traslada a San Pedro para encontrarse con un pueblo olvidado en todos los aspectos. Lejos de poder cumplir con los objetivos del presidente, Vargas ve como el pueblo genera más problemas que soluciones, y por si fuera todos están de una manera u otra sumergidos en la corrupción.

Apoyado por las leyes del país y animado por contar con una arma como defensa personal otorgadas por el secretario de gobierno, Vargas decide solucionar los problemas de raíz del pueblo, siendo su primera acción presionar a Doña Lupe (la dueña de un burdel) para que clausure su local, solo consiguiendo dispararle accidentalmente. Contra todo pronóstico Doña Lupe va al encuentro de Vargas no para saldar deudas sino para sobornarle con la condición de que la deje trabajar en paz. Vargas no acepta esta propuesta aunque al ver la gran cantidad de dinero que puede ser suyo cae inevitablemente en la corrupción.

De aquí en adelante Vargas cae poco a poco en el lado oscuro y comienza a realizar todo tipo de abusos: cobra impuestos sobre los impuestos y cuando estos no existen decide crearlos cambiando las leyes a su conveniencia. Si alguien no está de acuerdo con su manera de pensar le soborna, si no puede o lo encierra o simplemente toma justicia por su propia mano, y siendo el la máxima autoridad del pueblo, no hay nadie que pueda hacerle frente.

Como diría la frase de la cinta “Los que se arrepienten se van al cielo” y Vargas tendrá que responder por todos los crímenes y abusos que ha hecho desde que se convirtió en alcalde, pero la “suerte” o mejor dicho el modelo de trabajar del país no le convertirá en villano si no en todo un héroe.

La Ley de Herodes es una excelente película del cine mexicano a pesar de todas sus descalificaciones pasando por la censura y desprestigio de varias autoridades del cine mexicano, nos deja en claro que la historia nos advierte que no todo tiempo pasado fue mejor… al contrario fue igual o peor al que vivimos hoy en día.

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